domingo, 6 de junio de 2010

En busca del olvido


Digamos que no he sido la novia excepcional ni mucho menos la novia comprensiva.
En todas mis relaciones siempre estuve en el “ojo de la tormenta” por una u otra cosa.
Ayer buscando un recibo de arriba para abajo, halle unas cartas de mi ex, en donde escribía cuanto me amaba y que fue la alegría más grande de su vida conocerme, gracias dios por ponerme en su camino e infinidad de cursilerías mas.

Por cierto mil tonterías porque se acabo
De pronto comenzaron a procesar los recuerdos en mi mente.

Y recordé como me sentía con cada relación “echada al olvido” , como dice mi amigo tony rosado.
Siempre me decía a mi misma
-carajo,¿ Porque siempre me pasa esto a mi?
Y me dije ..
Dios llegue a culparme , creí que por mi culpa se había acabado todo
¡Malditas inseguridas!
El pasado. ¿Quién puede quitárselo de encima? Que yo sepa, solo en las películas uno puede borrarlo de su mente si así lo desea. Ojalá así funcionara la realidad. Todo sería mucho más fácil. Nos podríamos cruzar todos los días con ese ex que nos hizo la vida a cuadritos y nos pasaríamos de largo sin inmutarnos, no necesitaríamos tiempo, ni terapia, ni amigos en esta dolorosa etapa en la que volvemos a estar solos, después que esa relación no funcionó. Pero, piña. No se puede. Y algunos, por masoquistas, tercos o porque aún guardamos esa ilusa esperanza de que él o ella volverá, nos negamos a dejar de mirar por el espejo retrovisor de nuestras vidas.
¿Y saben cuál es la peor parte? Que la culpa la tenemos nosotros mismos.


Nunca se sabe en qué momento se aparecen y menos, cuándo se van. Lo bueno es que a esos, a los que yo había llamado con una lista de tontas canciones, ya los olvidé. Ya no los necesito. No los amo más. No los volvería a tener a mi lado, ni compartiría con ellos un viaje, un bar, mi cama, mi cuerpo. Me olvidé de mencionar a mi corazón, aunque no creo que le importe mucho. Porque ya no vive quizás allí, donde suena esa música en la que se cuelan risas, gemidos, susurros, promesas, miradas, besos. Amor.
Mi corazón está conmigo. Tiempo presente. El pasado está por allá, lejos, haciendo su vida seguro. Imposible olvidarlo del todo, claro, en algún rincón hay que meterlo; pero sé ahora que también es imposible convivir con él. ¿No es suficiente carga lo que vivimos a diario para acumular mochilas pasadas y pesadas sobre nuestros hombros?
Y ya basta de culparlos a ellos, a los que nos dejaron, a los que nosotros dejamos. Ellos ya no están, no tienen nada que ver con que nos guste anclarnos o no podamos despegarnos de ese tiempo extra dentro de lo que ya pasó y no volverá.


Ya sé lo que nos gusta renegar, lamentarnos y meternos látigo con el “ojalá nunca hubiera conocido a fulanito”, “quisiera poder retroceder el tiempo” (esa es mía, todo un clásico), o “¿por qué me enamoré de menganita?". Bueno, porque la vida no está hecha de patrones, no es una línea recta, porque eso de la mala suerte en el amor se lo inventó alguien que jugaba bien a las cartas. En el amor no hay reglas, instrucciones ni estrategias. Estamos llenos de malas experiencias, eso sí, de ilusiones a destiempo, de encuentros fatídicos, de absurdas coincidencias, de errores feroces, de personas equivocadas. No podemos pretender vivir el cuento de hadas porque no es real. La vida no es ni será perfecta, el amor tampoco. Y quizás, por mucho que lo quiera creer, no duren para siempre.


Sin embargo, la aceptación, con lo que cuesta, es solo el primer paso, pero muy necesario para poder pasar al siguiente: ya no volverá. ¿Duele? Claro, es un baldazo de agua fría ahora que las calles se llenan de neblina. Pero le cambio a cualquiera ese dolor por una negación que dure mil años. Ya se terminó hace rato. Game over. Pasemos a otro tema. Ya estuvo bueno. The end.
Y ahora ¿qué?, se preguntarán ustedes como yo me lo he preguntado muchas veces. Pues no queda otra que tirarnos de cabeza de nuevo a nuestras vidas. ¿Acaso están tan vacías que nos vamos a meter un clavado mortal? No lo creo. Hay chamba por hacer. Así sintamos la inseguridad de un equilibrista inexperto, ese vértigo vale la pena.


Nuestra piscina está llena de otras cosas, que pueden no ser amor, pero que están ahí, esperándonos. Estar solo requiere un poco de valentía, así sintamos que nos vamos en picada de vez en cuando, porque es una lástima pero hasta ahora no están a la venta en los supermercados las recetas mágicas para ser feliz, pócimas milagrosas para tener lo que siempre soñamos o las bolas de cristal que predicen el futuro que queremos.


Solo hay tiempo. Nuestro tiempo. Tenemos dos opciones, mejor dicho tres. Uno. Nos sentamos a esperar que pase algo. ¿Qué cosa? no lo sé. Cuando me he sentado a esperar, solo ha pasado el camión de basura de las tres de la mañana. Dos. Nos levantamos de una, retomamos el camino donde lo dejamos y comenzamos a alejarnos de la parte del pasado que nos hace daño. Tres. Tomamos el camino corto, el que le saca la vuelta a la soledad, y buscamos un clavo que saque al que tenemos clavado. La cena está servida, escoja usted su plato de fondo.
Nadie es un cuadernito en blanco. Somos seres humanos, no un triple raya marca Loro. Sin embargo, podemos cerrar ese viejo álbum de fotos de una buena vez y comprar uno nuevo, o tirarle la puerta en la cara al pasado y gritarle que no la vas a volver a abrir, por lo menos en un buen tiempo. Lo que yo hice fue borrar las canciones de mi computadora y seguir.




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