viernes, 8 de julio de 2011

MUJERES AL BORDE DEL COLAPSO !!



Según alguna leyenda urbana, nosotras, las mujeres, muchas veces nos volvemos “locas”. Sí, locas, complicadas, alteradas y emocionales. Así, de la nada. Lo dicen tan sueltos de huesos y tan seguido, tanto hombres como las de nuestro mismo género. Traidoras. Ante la más mínima alteración de “cómo se comporta una persona normal””, ¡zas!, aparece ipso facto ese calificativo que nos reduce a una persona trastornada por la falta de sexo.

Si alguna mujer es denominada “loca” por sus compañeros de trabajo, estudio, familia, amigos, novios, maridos, amigos de los novios y de los maridos, supuestamente se debe a alguna de las siguientes causas: está con la regla, debe ser el síndrome pre-menstrual, quizás sea una menopausia temprana (a mi perrita zhitsu el veterinario les diagnosticó lo mismo), la dejó el novio, la dejó el marido, debe estar “depre”, le falta amante, galán o agarre, le falta sexo, le falta un hombre de verdad, en fin, le falta un buen pene que la haga feliz, entre otras pachotadas.

Al parecer todas las carencias de la mujer tienen que ver con el sexo.

Veamos al sexo opuesto. Miren la gran diferencia. Los mismos hombres y mujeres, al percibir en un hombre alguna alteración en su conducta no piensan ni dicen que chifló de un día para otro, sino que debe estar pasando por un problema, por un mal momento o que está teniendo un mal día. Esto se traduce así: debe estar estresado, tiene problemas de plata, trabaja como un burro, ¿así quién no se cansa?, cayó la bolsa, quizás le robaron, debe ser su familia, dicen que su mamá ya está en las últimas, ¡cáncer a la próstata!, la diabetes, la calvicie, su próximo viaje.

¿Acaso alguien dice: debe ser una especie de climaterio avanzado, su mujer ya no quiere tener sexo con él porque es aburrido en la cama, nadie quiere tener sexo con él, seguro la tiene chiquita, ya no se le para, ya no le dan bola ni las de primer ciclo, se dio cuenta que no le dan bola las mujeres en general, se ha dado cuenta que en lo que se refiere al amor y al sexo es un fracasado, le falta una mujer con urgencia?

No. Según el juicio popular a las mujeres nos tiene y mantiene locas el sexo, o la falta de, mejor dicho. A los hombres, en cambio, los alteran las cosas realmente importantes de la vida como el trabajo, la carrera, los estudios, los bienes raíces, la salud y la familia.

Pero si seguimos esa lógica, un buen polvo lo soluciona todo en la vida de una mujer. Qué extraño.

A mí el tener o no tener chape, sexo, novio o marido no ha sido una condición determinante para tomar las decisiones que he tomado en mi vida, no me ha conseguido ningún trabajo, no me ha hecho decidir cómo, dónde y con quién quiero vivir, qué estudiar, cuán lejos irme, cómo me visto, qué observo, que quiero.

Sí, me pongo sensible con el síndrome pre menstrual.

En esos días me gusta meterme en mi cama en la noche acurrucarme, comer 20 kilos de chocolate y ver dibujitos animados. Eso hago. Pero jamás he salido con un cuchillo a la calle para matar al primero que se me cruce por delante, ni he decidido mudarme a Islandia en el día “uno” de la regla, ni he cambiado mi ambición de ser periodista para convertirme en vedette.

Se dice que los hombres son más prácticos y que usan su lado racional, mientras nosotras usamos el drama, la depre, la verborrea excesiva, la dependencia crónica de tormentos diarios y nuestro popular lado emocional.

Conozco muchas excepciones a esta supuesta regla. Hay hombres más complicados y densos que la brea.

Un amigo del instituto me contó todos los días de nuestra convivencia estudiantil, pero absolutamente todos, la misma historia de la ex llamada Sandra que lo había dejado seis meses atrás. Cada mañana le daba un nuevo ángulo y de nuevo iba con el mismo rollo. Empecé a odiar a Sandra sin conocerla y a ponerme el ipod todas las mañanas, para no escucharlo más.

Otro, hacía dos años quería cambiar de carrera y cada vez que lo volvía a ver en su cumpleaños empezaba con lo mismo: quejas, quejas y más quejas; que sí pero no, que quería estudiar otra carrera, que quería vivir en otro país, pero no sabía cuál, que ya se sentía viejo.

Bueno, yo no pienso que los hombres necesiten sexo para resolver sus paltas existenciales, un buen psicoanalista quizás. Pero mis oídos aburridos jamás me han hecho decir: ya olvídate hombre, lo que necesitas es salir y chaparte a alguien.

Somos tan complejas como cualquier otro ser humano, no importa el sexo ni la orientación sexual.

Todos tenemos problemas, malos momentos, malos días, malas temporadas o hasta un mal año (o quizás toda una década). Muchos necesitamos hablar de lo que nos ocurre para ver más claro, otros lo procesan en silencio y aunque la procesión vaya por dentro, por fuera no hay una carita feliz, porque simplemente no podemos ser caritas felices todo el tiempo.

Qué dolor de mandíbula daría eso.

No por eso somos unas locas complicadas. Eso se llama vivir. Punto. Deberíamos quitarnos ya este prejuicio de nuestras mentes y bocas.

Repito, si un revolcón es la medicina perfecta para que las mujeres dejen de hacer tanto problema y joder con sus rollos, la vida es más fácil de lo que yo pensaba.

El hombre la tiene más tranca. Él sí tiene problemas serios.

Y yo que pensé que estábamos en desventaja...

lunes, 27 de junio de 2011

Donde estas que no te veo


Ya llegará. Ya vendrá. Lo conocerás cuando menos lo esperes. No te preocupes. Aparecerá en tu vida la persona que te querrá para siempre, que te amará como nadie lo ha hecho jamás, que te tratará como una reina, que te hará feliz. Ya viene. Solo es cuestión de tiempo. Ten paciencia. Lo sabrás cuando lo conozcas. Espera tranquilita. Ya llegará.

¿Ah sí?, ¿alguien lo garantiza por escrito y con carta notarial? Digo, ¿no? La lista de espera, de las que esperan, se sigue alargando. ¿Cómo haríamos?, ¿sacamos un numerito y esperamos en fila?

Cada vez que una mujer le dice a otra (sí, somos nosotras las boconas que repetimos como disco rayado alguna de estas frases) que no desespere, que mantenga la calma para no parecer una chica desesperada, que no piense que se va a quedar solterona (no por Dios, ni mencionen la palabra “s-o-l-t-e-r-o-n-a”, no le vaya a dar un infarto a alguien), que solo hay que esperar la llegada de nuestro Vin Diesel y listo el cuento de hadas. Después vivirán felices para siempre.

La clásica y letal frasecita: “ya llegará” se suelta en este tipo de situaciones:

-Te dejaron. La razón no importa.


-Te dejó por otra (u otro). En esta situación el “ya llegará” viene pegado con goma con el “él se la perdió”.


-Te enteraste que el HDP que te dejó y está con otra. Otro agravante de esta situación es si: “ellos sí se van a casar”.


-Tú fuiste la que dejó a alguien. Y no importa que tú hayas roto la relación porque te dio la gana o cualquiera que fuese el motivo, la cosa es que estás sola, otra vez y por tu culpa. Que en este caso no te sorprenda escuchar un suspirito detrás de tu oreja que diga: “qué cojuda”.


-Te divorciaste.


-Te separaste.


-Estás sola hace un buen tiempo. Días, meses, años. Todo vale.


-Todo tipo de reuniones familiares.


-Las noticias de los compromisos y bodas de amigos, hermanos, conocidos.


-En el estado civil de todos tus documentos dice: soltera.


-Todas las anteriores.

Bueno, ya tengo 23, ni 15 ni 18 ni mucho menos 20 TENGO 23. ¿Y qué creen que me dijeron varias personas que quiero mucho? Pues sí: ya llegará. Y me atreví a preguntarles: ¿quién exactamente llegará?, ¿el mozo con el jugo que acabo de pedir?, ¿mi sándwich de pollo?, ¿ese perfume que me encanta y esos de zapatos de sueño que me mandara mi linda amiga liz?

Claro que se referían a un hombre, pero no a uno cualquiera. Se referían al hombre indicado, al correcto, al perfecto (para ellos). Entiendo que necesiten calmar sus ansiedades y la angustia que les produce que su hijita mayor sea la única en la familia que no halla llevado un enamoradito oficial a la casa o quizás por ahí descartar mi sexualidad, o mejor dicho, mi homosexualidad.

Desde acá les digo, no, no soy lesbiana ni bisexual, y no porque no quiera. No es mi opción, ni mi orientación. Me gustan los hombres. En este punto hasta siento que tengo que pedir disculpas por ser una heterosexual soltera a tres años de cumplir veintiseis (edad ideal para casarte, ya tener una profesión concluida irte de casa a hacer tu vida y ser independiente) . Supongo que para muchas mentes cada cumpleaños que te acerca al número veintiséis.

Mi real pregunta no es ¿quién va a llegar?, mi pregunta es: ¿porqué la llegada del hombre de mis “supuestos” sueños suena a preocupación, a desconcierto, a curiosidad, a consuelo, lo “políticamente correcto” que hay que decirle a una mujer que asiste a reuniones con sus amigas ( ojo todas van con sus parejas) y no tiene a ese alguien con quien compartir ese momento?

En defensa a las personas que me quieren puedo decir que sí, lo admito, me hubiese gustado que esa persona estuviera a mi lado esos días. Pero en su contra les digo que ese tipo de aclaraciones solo hacen sentir que una es una lisiada emocional, que mi vida no está completa, que mi vida no es suficiente para celebrar, que el que sea soltera les provoca: lástima, tristeza, y una cada vez más vaga esperanza de que llegue eso que le hace falta a mi vida.

Sin embargo, para todos, yo ya lo encontré. Fue hace muchos años. Y lo quise. Quería todo con él; una familia, hijos, un perro. Todo lo que mis fantasías y la sociedad parecen exigir. Todo lo que soñé desde que era niña y soñaba con un vestido que cambiaba de color como el de la Bella Durmiente.

Sin embargo, resultó no ser el hombre de mis sueños, sino la peor pesadilla de cualquiera.

Pero quiero aclarar que él no llegó de la tierra de Nunca Jamás. Yo lo elegí. Y hace mucho que ese error y mi paso por la violencia emocional ya no me avergüenza, ni me genera lástima por mí misma, por mi amor y lo que entregué, ni me hace sentir como un fracaso viviente. Pero si seguimos al pie de la letra la teoría eso significa que si ya tuve al hombre al que más quise, al que más odié y que ahora me importa tanto como un pepino partido por la mitad, ¿eso fue todo?, ¿fin del pequeño juego llamado amor?

No pues. Ni cagando.

Es muy peligroso jugar así con nuestras expectativas, ilusiones y fantasías. Hay que poner el freno de mano y un pie en la tierra. A pesar de los errores de juicio, de las desilusiones, de los corazones rotos, de las heridas –tantas veces, tan difíciles de sanar, no podemos hacer que nuestra dirección gire en torno a la popular creencia de que un hombre aparecerá y te dará todo lo que tú misma no puedes darte.

lunes, 13 de junio de 2011

El curioso destino


No creo en el destino. Ya dejé de comerme ese cuento de que el día menos pensado conoceré a ese ser humano (guapo y heterosexual) que las leyes cósmicas han reservado especialmente para mi solita.

Es decir, un día en que un vuelo hacia new york tenga un inconveniente por un tornado y el avión tenga que hacer un aterrizaje forzoso en Miami ( mismo inicio de una comedia romantica estadounidense). Así que ahí nos encontramos, en la versión romántica y cursi, ambos en el patio de comida matando el tiempo.

Él es un chico que –no puede ser de otra manera- no deja de mirarme, se acerca a mí cuando al fin le devuelvo una sonrisa. Yo me doy cuenta de que jamás he oído una voz y más aún, una risa tan parecida a la Luis miguel pero claro, en el cuerpo de Vin Diesel, los modales del Principe William y el humor tierno de Adam Sandler.

Ojo con el detalle, el más importante y que en ningún caso debe pasar desapercibido: él, como se llame (bueno, si tiene un nombre bonito, mejor), ya vivió lo que tenía que vivir, ya se enamoró de las mujeres equivocadas, ya lo supero, ya tiene una vida completa y feliz y lo único que añora es, por supuesto, alguien a quien amar por siempre, con quien tener un futuro feliz con boda en el jardín y un par de chibolos guapísimos corriendo con la misma cinematográfica sonrisa de su padre.

Y bueno, como estamos en Las Miami y nos acabamos de enamorar, perdemos nuestros respectivos vuelos y nos quedamos unos días más para conocernos (también conocido como, confirmar que en la intimidad también funcionamos). Les voy a mandar una postal electrónica desde aqui por nuestras bodas de plata. Por nuestra edad (yo, veintitres, y el hombre que el universo había guardado para mi, unos perfectos treinta y pico), a las bodas de oro llegaríamos dentro de unas lindas urnas gemelas y nuestros hijos irían a esparcirnos sobre el Océano Índico en el que el destino hizo magia y nos unió por siempre.

Según los que aún creemos en el amor o en su defecto en el cuento de Cenicienta, solo basta que esa persona con la que supuestamente viviremos “felices para siempre” haga su aparición en nuestras vidas y listo el pollo. Nos podemos sentar en un sillón bien cómodo, tomar té con galletas y esperar que todo en nuestro panorama sea felicidad. Bueno, noticias desde el bando de las personas enamoradas: la cosa no es así.

No es el destino, ni las estrellas, ni nuestra propia suerte, ni San Antonio, ni las líneas de la palma de nuestras manos los que nos traen mágicamente a alguien. Eso no existe. Muchas personas pueden estar a nuestro alrededor, otras van y vienen. Eso no asegura el amor, menos una relación.

Un ejemplo es el caso de mi amiga Carolina (amiga del instituto, mucho mayor que yo), conversando con ella por msn.

Acaba de perder su trabajo y la chica con la que compartía el alquiler y las cuentas del muy bonito departamento en el que vive se acaba de mudarse con su novio.

El presupuesto de carolina–si no consigue otro trabajo en el que le paguen el doble que en el anterior- solo le alcanza hasta julio, después no podrá seguir pagando su departamento.

Luego probablemente tendrá que mudarse a un lugar más barato o volver a la casa de sus padres. Ante la situación le pregunté que cuáles eran sus planes y me dijo: “bueno, para julio ya habré conocido a un novio que se mudará conmigo y así ya tendré resuelto todo el asunto del amor y la renta”.

Dos pájaros de un tiro- pensé. Bienes raíces y amor solucionados en un solo golpe de matraca.

-Y ese novio, exactamente, ¿quién es?

-Aún no lo sé –contestó Carolina–pero ya aparecerá.

-¿Estás…segura?

-Ay karlita, claro que sí. Después de todo lo que he pasado con Carlos, Mario y el cojudo de Bruno, ya me toca ¿no?

Más tarde, ya en mi cuarto, empecé a pensar en el asunto y no sé porque poco a poco me puse de mal humor.

Primero; ¿cómo era posible que caro lleve al extremo ese tipo de pensamiento suicida de que por solo desearlo el hombre que la amará y de paso, pagará la mitad de la renta, aparecerá por cuestión de suerte? Como las maquinitas de casino. Pierdes tres veces, ganas en la siguiente.

Segundo, ¿por qué tendemos a pensar que el amor aparece por reacción espontánea?, y peor aún ¿por qué pensamos que sí o sí el amor va a aparecer en algún momento? (si ha pasado más tiempo, con mayor razón: tiene que aparecer).

Tercero, ¿qué demonios nos hace pensar que nuestra voluntad y decisión no tiene nada que ver en el asunto?

Ya sé porqué todo el asunto de carolina me cayó como una patada en el hígado. Porque todo lo cuestionado en el párrafo anterior ha sido en lo que he creído durante años, y no sólo creído, sino que he actuado según los miedos que esas interrogantes plantean.

Yo culpo a la música pop, baladas, y muy en especial a los comentarios de las madres, abuelas, tías y solidarias amigas que no dejan de alentar esa fantasía como porristas: “hay alguien para ti, sólo tienes que esperarlo”.

Es igual de ilógico que comprar un billete de lotería, dejar de trabajar y sentarse en un banco a esperar que su número salga premiado. Sin embargo, no las culpo, darles la contra seria como quitarles a ellas mismas una fantasía con la que cuentan para no desesperar, en la que viven o la que esperan.

Nunca he comprado un ticket de lotería y no voy a hacer lo mismo con el amor. No porque crea que este segundo no existe, sino porque lo que no creo es que exista un ser supremo llamado destino que maneje los hilos de nuestra vida, incluidos anhelos y deseos.

Cuando se trata de amor, prefiero creer en las coincidencias, esas pueden funcionar o no, pero ya es cuestión nuestra.

Nuestra voluntad es vital. Y el crédito o las consecuencias que tengamos que sufrir, solo nos las podemos atribuir a nosotros mismos.

Así que Sr. Destino, pase de largo nomás, acá no tiene morada.

Se que para algunos puedo sonar malhumorada o renegona, sólo escribo sobre lo que en realidad creo. No busco alguien que complete mi vida, sino alguien que quiera compartirla conmigo.

miércoles, 16 de febrero de 2011

TU NO PUEDES ESTAR EN MI VIDA


Todos somos distintos. Tenemos cualidades maravillosas que pueden volver loco de amor a cualquiera, así como también horrorosos hábitos, actitudes y defectos adquiridos o de fábrica que, por lo menos yo, he decidido no volver a soportar. Mujer aplicada, he hecho mi lista de quién no va ni irá a ninguna parte conmigo.

1. En este blog se ha hablado mucho sobre la edad, especialmente sobre la mía (22), así que pongamos límites.

Creo que un par de experiencias de amanecer mojada por acostarme con bebes grandotes son suficiente excusa; sin embargo, sigo pensando que la edad asegura la madurez

Así que, dadas las circunstancias, he puesto límites de fecha de nacimiento en la búsqueda de novio. Como todos mis novios fueron contemporáneos (esos con los que tuve relaciones de verdad, hago la salvedad) en lo que a edad respecta, vamos a redondear. Pondré un rango de tres años para arriba y uno para abajo. Es decir, todos los que no estén entre los 21.5 años y los 26 años, por favor, abstenerse.

2. No tengo nada contra la naturaleza velluda del ser humano, pero como para todo, hay límites. Así como existen hombres que te miran espantados si por ahí se asuma una pelo de la mona Chita, las mujeres sentimos cierta incomodidad (y a veces una terrible vergüenza de parecer la doble de la mujer barbuda del circo) al exponer a la vista del otro nuestras zonas íntimas y otras no tanto, como las axilas; y hasta pedimos disculpas por haber olvidado nuestra última sesión con esa mujer (la única que no es nuestra ginecóloga, y solo en caso de ser heterosexuales) que nos dice: “abre las piernas” para dejarte por largos minutos sin sensibilidad en la vagina luego de un par de arrancadas de cera sobre la piel. De esa misma manera, hay algo que a mí me parece poco atractivo: el pelo en la espalda. Una vez bailé en una fiesta con un chico y pude sentir una especie de colchón peludo entre su camiseta y su piel. Parecía un peluche con ropa. Perdónenme los que nacieron así, esto no va contra ustedes, seguro a muchas chicas les gustan esos lugares de dónde colgarse en el momento del placer. A mí no. Paso. Guácala. El hombre lobo no se hizo para mí. Son diferencias irreconciliables. Qué le vamos a hacer.

3. No quiero tener ninguna relación con alguien que también tenga un blog, aún más, si es personal. Sé que puede sonar conchudo, pero la verdad no la pasado bien con “bloggers” que utilizan sus espacios anónimos para vendettas personales y airear mi intimidad o la de mi familia o amigos (algo que cuido mucho) sin previa autorización. Me explico: yo firmo con mi nombre lo que escribo, eso es muy diferente a sentirse con la libertad que brindan los seudónimos para mandar dardos virtuales sin la menor consideración. Hace unos días un chico me invitó a salir y lo primero que le pregunté fue si tenía un blog. Cuando me dijo que no, suspiré aliviada, y me puse contenta cuando me dijo que apenas si los leía de vez en cuando. Por el momento (porque quién sabe) no se admiten bloggers.

4. Niñas, aléjense de los reyes del bla-bla-bla. Al menos eso es lo que yo voy a hacer. Con el “floro-radar” ya más desarrollado (no crean que fue fácil), será más fácil alejarse a la primera alarma que llegue cual batiseñal a mis oídos anti-floreros profesionales o semiprofesionales. Al parecer los hombres han aprendido en nuestra querida sociedad del silencio a ser los magnates del 'flower power' (más conocido como el poder de la palabra), total, ¿a quién no le gusta sentirse una diosa por dos o tres minutos? Hoy, digamos que la cosa es más pareja entre el hombre-y la mujer, sin embargo aún existen los miedos arcaicos de ser confundida con una chica “fácil” si una tira la primera piedra, mejor dicho, suelta la primera palabra.

5. La unilateralidad en el sexo. No puedo creer que a estas alturas todavía existan chicos que crean que el placer de la mujer es algo secundario. Una amiga me contaba esta mañana que ya iban tres veces seguidas que su novio tenía sexo consigo mismo, por decirlo de alguna manera. Ella, inocente, que pensaba que a la tercera venía la vencida, tendrá que esperar a la cuarta. Me ha dicho que si a la cuarta el pata no se ocupa de ella habiendo hablado del tema, será un punto a considerar para mantener o no esa relación. Creo que está en lo cierto. Así que los egoístas del sexo, por favor, pasen de largo también, a las chicas también nos gusta divertirnos y llegar al final del juego.

6. Los besos pueden ser de mil formas, me imagino, y depende de la química entre dos personas de acoplar bien labios, lenguas y demás para dar el beso perfecto. No existirán relaciones perfectas ni hombres ni mujeres perfectas, pero sí existen los besos perfectos. Yo tengo debilidad por esos. Yo creo que beso bien, no lo sé, no he hecho una encuesta con los chicos, renacuajos y sapos a los que he besado, pero me gusta creer que sí, porque si algo nos gusta mucho, como por ejemplo jugar ajedrez, practicamos y aprendemos. Lo mismo pasa con los besos, me imagino. Igual hay gente que cree que besando es una eminencia solo porque nadie le ha presentado su carta de quejas. Un chico que besa mal está fuera de mi lista. Perdón si me volví más exigente, pero es mi estado de ánimo estos días. Además los besos están rodeados de ciertos mitos que dan risa. Hay quienes dicen que alguien que baila y besa bien, es una bomba casi asegurada en la cama. Mentira y de las gordas. Sino pregúntenle a… no, claro que no voy a decir a quién.

7. Los Mr. Money tampoco me gustan. Estas personas que viven muy pendientes del dinero así sean misios o millonarios, son una especie muy común pero, para mí, muy difícil de comprender. Cómo el dinero te puede dar amor. Un conductor de televisión me dijo que una prueba de que el dinero era importante eran los futbolistas que salían y se casaban con mujeres mucho más guapas que ellos. Bueno, le contesté, entonces es como una transacción: yo te doy mi belleza superficial para que te sientas más y tú me mantienes y me compras todos los polos de lentejuelas que encuentres. Ya lo dije, yo soy feliz en el restaurante más caro o en una cantina, si estoy pasándola bien con un chico chévere. Así que si sobrevaloras a la plata tampoco me gustas. Lo siento.

8. Siempre he hablado de la honestidad. Yo no soy ninguna mentirosa. Santa tampoco, por ahí he meto una que otra mentirita, pero de ahí a ser una mentirosa de las grandes ligas, ya no. Lo he sido, sí. Cuando pensaba que para conseguir algo había que hablar o callar cosas que pensaba, o cuando trataba de manipular con palabras. Pero todo eso quedó en el pasado, felizmente. Creo que por eso valoro la honestidad, porque sé cuánto cuesta decir la verdad y cuánto cuesta aceptarla. Ahora considero la mentira como una traición. Así que si alguien quiere estar en el bando de los mentirosos, chau, simplemente no te quiero (¿y quién quiere a su lado a un dos caras? No creo que muchas).

9. A todos los hombres diagnosticados con algún tipo de enfermedad psiquiátrica también los quiero lejos de mí; para eso soy suficiente yo hombres Bipolares, tripolares, manipuladores compulsivos (MC), depresivos, psicóticos, etc., no van.

Es muy popular decir: “estoy deprimida” cuando una se siente mal por algo, pero de ahí a andar con el “rey de los lamentos que transita por el túnel oscuro que es la vida”, por Dios, no gracias a esas anclas que te quieren hundir en la dimensión desconocida. Ya, podemos estar tristes por momentos y ser fuertes el uno para el otro, pero a mí me gusta reír, me gusta que me hagan reír. No quiero un payaso, no se confundan, sino a alguien que se esfuerce por hacerte notar que está bien a tu lado. A los otros, adiós.

10. Y el número diez se los dejo con todo cariño. Esta pequeña lista no se acaba ahí ni para mí ni para nadie. Qué vamos a hacer. Si somos exigentes con nosotros no nos conformemos con alguien que dice o hace cosas que nos revientan. ¿Por qué?, porque esa bomba nos va a reventar en la cara cuando conozcamos bien a quien tenemos al lado. Y lo peor de todo es que ya podríamos estar enamorados. Así que no olviden de llevar su radar consigo, uno no sabe lo que puede pasar un día común y corriente.

viernes, 11 de febrero de 2011

ME ENAMORE! .. tiempo transcurrido: 1 MINUTO


Esta es una pregunta clásica de este, los viejos tiempos y los que vendrán: ¿por qué toma tan poco tiempo enamorarse y desenamorarse dura una eternidad? Yo he encontrado la respuesta, mí respuesta. Síganme los que quieran

Bueno, no estamos en la Disneylandia de las relaciones. Lo siento, pero es así. Por eso es “ideal”, porque no es lo común, no es lo frecuente. Seguro que existe y en más de un caso, pero no es lo habitual. La regla somos nosotras, las que nos enamoramos como desquiciadas la segunda vez que salimos con alguien que nos da bola. Sí, las mismas que sufrimos como un tango interminable cuando esa relación termina.

Regreso al punto de inicio entonces. ¿Por qué nos enamoramos tan rápido y nos desenamoramos en tan lenta y larga agonía? Porque cuando creemos encontrar a alguien que nos gusta proyectamos en él toda esa parte de la juguetería social y rosa en la que hemos crecido y cuyas reglas, juicios y prejuicios nos han sido inyectados desde pequeñas. El amor para nosotras es tan natural como el agua. Es algo que tiene que pasar. Y no llega, viene la frustración y cuando nos sentimos incompletas, sentimos que valemos menos (claro, si somos la mitad de un ser humano, ¿cómo nos vamos a querer como una totalidad si andamos esperando la bendita media naranja?) y cuando ya estamos en una situación emocional tal que somos capaces de tirar nuestro título, nuestra independencia, nuestra carrera con tal de que esa relación prospere.

¿Y qué pasa si no prospera? Pues pasamos a la autolapidación. Nos sentimos triplemente perdedoras no solo porque perdimos al hombre en sí, sino a todo lo que él representaba en nuestro mundo.

La otra noche leía “Comer, rezar, amar” e identifiqué a muchas experiencias de mi pasado cuando la autora se autodefine como la “membrana permeable”, es decir, alguien que hasta pasamos los treinta y pico no se ha detenido un par de semanas en soledad a cuidar sus propias necesidades, porque todo ese tiempo anduvo enamorándose o desenamorándose de alguien. Su experiencia y la mía tienen mucho que ver en ese punto.

Soy mala para los negocios. No tengo ni la más remota idea de lo que es la economía. Nunca calculo bien la plata con la que debo pagar las cuentas, ni ese vestido nuevo que aún no sé si es caro o barato, (pero me gusta, es corto y negro). Mucho menos las veces que me he enamorado. Por esta sencilla razón he tomado la decisión de no volver a enamorarme, por lo menos no de esa manera. Porque cada hombre del que me he enamorado no solo ha sido un gasto y un desgaste, sino que en algunas ocasiones ha sido una real mala inversión de mí misma. Si lo pienso un poco, ¿qué no he dado por amor?

¿Acaso me guardé algo para mí?, ¿acaso pensé en el futuro como lo hace un financista al comenzar un proyecto? Me confieso exagerada en cuestiones pequeñas y superficiales, como por ejemplo: si me gusta un autor, me compro todos sus libros; si me gusta una película, la puedo ver todos los días hasta hartarme (mis récords pasan los 40 días seguidos); si me gusta un grupo, me bajo todas sus canciones; si un vestido me queda bien, me lo compro en todos los colores; si descubro una comida que me vuelve loca (como el sushi de anguila, el pulpo a la parrilla, las conchas negras, el rocoto relleno o el pastel de choclo, cada uno en su momento), la como hasta que ya no puedo comerla más. Lo mismo me pasaba con los hombres, si me gusta un chico le daba absolutamente todo de mí, lo que soy, lo que tengo y lo que no.

Me canso de pensar todo lo que he dado, sin exagerar. Además de los tópicos como el amor, la ternura, la pasión, el sexo, la sorpresa, la admiración, las oportunidades, el perdón, también he regalado cada uno de mis sueños, deseos, anhelos, manos, brazos, piernas, labios, besos, miradas, milímetros cuadrados de mi piel, cada secreto que quería mantener oculto, mis mentiras, cartas, cuentos, años, meses, una novela, segundos, momentos, películas, horas del día, todas las horas de la noche, mi risa, todititas mis lágrimas, mis recuerdos, canciones, ídolos, mis viajes, absolutamente todas mis debilidades, mis miedos, mis pesadillas, mi silencio, mi risa, mis tesoros, mi memoria, mis guerras, mis faltas, mis más terribles errores y esos momentos en los que puedo hacer magia

Es humanamente imposible no sentirse vacio despues. Salir de un par de relaciones fue casi como regresar de la guerra.

Cuando uno no está acostumbrado a convivir con su propia soledad porque eso no fue lo que aprendió, lo que le enseñaron o simplemente, no es lo que quiere, estar solo puede doler –yo lo he sentido, y más de una vez--, como si me aferrara con las manos a una orilla de rocas deformadas por un mar salvaje. Gritando de dolor, azotada por las olas.

Las veces que he perdido el amor, sentí que lo había perdido todo, hasta a mí. Por eso pasaban meses y meses sin verme en el espejo. Una sombra extraña me saludaba dudosa. Esa era yo. La que seguía colgada a esa orilla oscura de la que no iba a desprenderme nunca hasta que un nuevo amor me rescatase.

Una amiga me dijo el sábado que había conocido a un chico y que por supuesto, se había “templado”.

- ¿Tan rápido? –pregunté yo.
- Es que yo soy así –dijo ella son esa sonrisa de arco iris que nos sale cuando vivimos la fantasía romántica en tiempo real.

Ella no es así. Todas lo somos, o lo hemos sido. Y también nos hemos encontrado en una juguetería comprándole un dinosaurio a esa niña chiquitita que hemos sido todas, que aún nos reclama un final feliz al lado de algún príncipe que habita una reino lejano y que pronto vendrá a rescatarnos de esa cosa fastidiosa que es la soledad. Para eso es el dinosaurio, pasa saber que las princesas viven contentas y perfectas dentro de un cuento, una película o su caja en un estante y que nosotras, animales salvajes como T rex, vamos a andar con cuidado y vamos a soltar un gruñido que deje sordo al mundo, cuando queramos decir –o gritar- lo que queremos ser y lo que no, con quién queremos estar y con quién no estaríamos ni cagando

Si enamorarse toma un minuto y recuperarse del desamor dura por demasiado, habrá que sacar cuentas antes de tirarse el primer clavado. ¿Acaso existe algún oráculo que nos asegure caer en un mar azul y pacifico que poco a poco nos lleve confiados –y sin necesidad de salvavidas- a la dulce orilla del amor correspondido? Pues ni el pulpo Paul (QEPD), ni el Cuy Mágico, ni la Bruja Anita.

Y estoy más que segura que nadie quiere terminar colgado de unas rocas mojadas y filudas mientras recibe los azotes de ilusiones que se tardan en llegar o de un amor se niega a rescatarnos.

Háganse un autoregalo , ¿qué les parece un dinosaurio?

miércoles, 9 de febrero de 2011

Vete ya, tiranosaurio rex


Y no vuelvas.

Hace mil años, bueno, en realidad pocos dias, me di cuenta al conversar con un psicoanalista que me encontraba en un periodo grave de indecisión.

Pasaba por tal época de inseguridad --en la que mi autoestima habitaba en el inframundo-- que me era imposible elegir hasta qué par de zapatillas comprar; menos podía decidir terminar con una relación con el peor hombre con el que me he cruzado en esta vida, P:M, el único chico realmente malo con el que he estado (no era un "chico malo" sino una mala persona).

- ¿Terminar?, ¿yo?, -le pregunté al popular Dr. .

Él asintió.

- Pero si no quiero- continué- es más, no quiero ni puedo.

Mi mente siempre hiperactiva imaginó al instante un futuro sin el ególatra, egoísta, sádico, mujeriego, inseguro y acomplejado con el que andaba. Fue entonces la primera vez que vi en persona, en vivo y en directo, al más grande de mis temores.

Era nada más ni nada menos que el Tiranosaurio Rex de la soledad abriendo unas fauces enormes sobre mi cabeza. Sentí su aliento helado en la cara, su baba cayendo sobre mi minúsculo cuerpo. Entré en pánico, un escalofrío me sacudió de arriba para abajo.

No quiero, no puedo estar sola.Cerré los ojos justo antes de que el dinosaurio me tragara entera de un mordisco.

El terapeuta me dijo que respire, que no había por qué desmayarse en ese momento, que aún nos quedaban 16 minutos de consulta. Me aconsejó dejar a un lado al animal verde de la cola gigante y empezar por lo fácil, por lo superficial, como para ir entrenando.

Entonces me sugirió que al momento de elegir hasta un caramelo tenía que ser tajante y veloz, sin dejar lugar a ninguna duda.

El ejercicio sirvió. Quiero un chicle de menta, señor. Quiero una Coca-Cola Light helada. Hoy me quedo en casa. Quiero ese vestido pero en negro. Voy a ver esa película. Me voy a levantar a las 8 en punto todos los días. Voy a cortarme el pelo.

Así que después de practicar en el cine, supermercados, tiendas, bodegas, discotecas y conversaciones con mis amigos, decidí que ya estaba lista para tomar la decisión que había dejado en manos de la procrastinación y tanto miedo me daba: decirle buena suerte y hasta nunca a PM, y de paso decirle lo que siempre tuve atracado en la garganta pero que, por temor a perderlo, jamás le dije: (en esa época no hice una lista, pero como veo que resultan prácticas, lo hago ahora)

- No me haces feliz, PM.
- Salvo momentos aislados, jamás me has hecho feliz.
- Jamás has tenido ni la más remota intención de hacer feliz a alguien que no seas tú.
- Has aprovechado mi ceguera y es resto de mis debilidades.
- Estos 2 años contigo han sido una tortura china.
- Después de verte, siempre tuve miedo de no verte más.
- Después de verte, siempre tuve miedo de volver a verte… pero con otra.
- Utilizaste esos miedos para manipularme.
- Me dejé manipular por dos promesas vacías de amor a la semana.
- Temí que “otra” fuera mejor que yo.
- Tratar de ser “perfecta” para ti me ha dejó exhausta.
- Para no perderte, dejé de ser yo.
- Me olvidé quién era yo.
- Me tragué todos tus malos hábitos sin decir ni una palabra.
- Me tragué todos tus malos tratos sin decir una palabra.
- Cada vez que te pedí perdón, me sentí culpable.
- Nunca me pedí perdón por ser tan cobarde.
- La única responsable de no querer ponerle punto final a ese desastre de relación por miedo a encontrarme cara a cara con mi dinosaurio, mejor dicho, con la soledad, fui yo.

¿Si prefería quedarme con PM? Claro que sí. Sola, ni loca. A fin de cuentas, para todo sádico hay una masoquista que espera feliz el siguiente latigazo.

Esto pensaba, hasta que decidí tirarme por el barranco y hacer algo que jamás imaginé.

Un día en mi antigua oficina de trabajo, después del almuerzo, levanté el teléfono. Era una semana de esas en la que PM había decidido que ya no quería estar conmigo (está de más decir que esto duraba hasta que él decidiera lo contrario).

- Aló, ¿pierre?
- Hola karla.
- Hola, te llamaba por…
- Mira, si me vas a decir que quieres estar conmigo ya te dije que…
- No, te llamo por otra cosa.
-

(Tomé fuerza)

-Estaba contigo porque pensaba que eras un hombre especial, diferente, bueno, más que bueno, perfecto para mí… este…
- ¿Y…?- el arrogante PM esperaba que yo siguiera lamiéndole el ego, seguro.
- No lo eres, nunca lo fuiste. Era yo la que estaba mal. Por que yo estaba mal estuve contigo. Por eso… por eso no quiero volver a saber de ti el resto de mi vida. Chau.

Colgué. Me quedé sentada en la silla mirando hacia la pared.

Pensé que iba a llorar. No lo hice, arranqué su fotografía y la tiré a la basura. No les voy a decir que comencé a dar saltitos en un pie de la felicidad, porque no es cierto. Lo que es verdad es que por primera vez en mucho tiempo sentí paz.

Me había puesto frente a la bestia, me había tapado los ojos con las manos y había esperado lo peor. Sin embargo, ese dinosaurio hembra de nombre “Horrorosa” y de apellido “Soledad” no me tragó y me desterró al infierno de la desdicha.

Esta no es una historia de amor pero sí tiene final feliz.

Una ruptura implica inevitablemente una pérdida. Así que recomiendo respirar hondo y aceptar que esto, por un tiempo, va a doler. Y mientras que eso pase (porque pasa, muchos lo hemos comprobado) ojo con las autometidas de cabe; recordémoslo siempre, a veces somos nuestros peores enemigos.

Callemos esas preguntas que no nos llevan más que a volver a las garras de un asesino emocional en serie.

Analicemos.Todos nos saboteamos por nuestros miedos. Todos.

Aquí, algunas preguntas frecuentes para no tropezar.

¿Y si no encuentro algo mejor? ¿Alguien mejor que PM?, ¿cómo alguien no va a encontrar a alguien mejor que ese ególatra, egoísta, sádico, mujeriego, sexualmente poco dotado, emocionalmente enfermo, hablador y acomplejado con el que andaba?

¿Y si aún me duele? Claro que duele, no vivimos en el mundo de los robots. Una ruptura implica una separación de alguien a quien, así haya sido o sea una pesadilla viviente, en algún momento quisimos. Pero es mejor un dolor temporal (sí, es temporal) a una infelicidad sin fecha de caducidad.

¿Y si me quedo sola para siempre? “Vivimos en la sociedad del miedo. Desde chicos nos ha hecho creer que tenemos que encontrar el amor para ser seres completos, la verdad somos y seremos individuos hasta la muerte”..¿Voy a evitar decidir algo por miedo? Nunca más.

¿Y que dirá el resto? Como cantaban Alaska y Dinarama, a quién le importa. ¿Alguien más va a vivir nuestra vida? Pues no. Esa es nuestra chamba.

¿Y si me equivoco? Bueno y ¿quién está libre de no hacerlo? Decidir es aceptar las consecuencias, ni más ni menos. Y les aseguro que es mejor arrepentirse de algo que uno decide para si mismo, que lo que alguien más decida para uno.

El encuentro con la realidad es el siguiente: Charles Milles Manson, conocido criminal estadounidense, fundador y líder de "La Familia", un grupo que perpetró varios asesinatos, entre ellos, el macabro asesinato de Sharon Tate (la chica de mi muy admirado Polanski) y sus invitados en 1969. Cumple condena desde 1971.

¿Alguien quiere ser novia de Charles Manson? Claro que no, como tampoco nadie en su sano juicio quiere estar con alguien que no te hace feliz, al que le importa un bledo que estés contenta y que en resumen, no te da lo que quieres. Y no es necesario estar con un serial killer emocional, basta una relación mediocre, alguien con quién pasar el tiempo “mientras aparece algo mejor”, “un peor es nada” o cualquier persona lejos de lo que elegiríamos como pareja, para decidir tener valor y cortar.

Llegó el momento. A no hacerse bolas, solo dar el paso hacia atrás, al costado o adelante, lo que sea para moverse del lugar en el que ahora están, cambiar de pareja, de panorama, dejar al asesino en serie atrás, decirle adiós al temor de vernos las caras con nuestro tiranosaurio rex.

No voy a decir tampoco que jamás supe qué fue de la vida de mi dinosaurio. Ahora que olvido también, he visto su sombra por el rabillo mi ojo izquierdo (el más miope) y aunque no le tengo pánico, voy con cuidado.