sábado, 4 de septiembre de 2010


la maldicion de tener VAGINA ...


¿cuál es el comportamiento adecuado de una mujer soltera para que nadie la joda ni cuando está almorzando un viernes al mediodía?

¿En qué momento exacto de la vida una se convierte en una eterna proveedora de excusas para justificar su vida?

¿Por qué somos las solteras las que suscitamos las mayores suspicacias en torno a nuestra vida privada? Que yo sepa, los hombres no pasan por estos trances, y tanto a ellos como a ellas no les queda más que especular.


Una mujer que come sola es patética (seguro la dejaron plantada)

una mujer que sale con sus amigas está ruqueando o esperando ser “cazada” por algún codiciado soltero (no puede estar simplemente, divirtiéndose con sus patas)

una mujer sola en un bar es una zorra (no puede haber salido a tomarse un trago porque le dio la gana)

una chica que dice "me llega al pincho" es una maleducada (un hombre habla como le da la gana)

una mujer no puede estar tomando un café sola (seguro está deprimida)

una mujer no puede usar Converse (porque es una inmadura)

una mujer no puede tomar una buenas chelas en vez de traguitos de colores (porque es una vulgar) y, por último

una mujer no puede cuestionar mucho pero sí puede optar por el silencio de gheisha (porque "mujer que no es complicada, no es mujer").


Además, claro, envejecer está prohibido, sino, ¡oh, my god! qué esperanzas quedan de, al menos, aparentar ser una “tía rica” ante la imposibilidad de ser una “chibola rica”, de las que los hombres hablan (bueno, un amigo con el que discutía el tema me corrigió y tiene razón, no todos los hombres piensan con la “otra” cabeza), y otros, los “suertudos”, se enorgullecen como si estuvieran con la reencarnación de una Barbie (ojo, las barbies no piensan, ni hablan) si es que la tienen al lado, porque si no la tienen es solo una perra que no les hace caso.


¿De dónde creen que salen tantos personal trainners y esas dietas imposibles?, no todos nos preocupamos por nuestra salud o nos gusta hacer deporte

A veces pienso que debe ser bien complicado tener una familia, trabajo y a la vez hacer de todo para estar "regia" para el mundo, y de paso para tu marido (no sé por qué me imaginé a una mujer haciendo planchas mientras encera el piso de la cocina, en una especie de Karate Kid versión American´s Nex Top Model).


Pues sí, seguimos en estado de represión y muchas veces por nosotras mismas.

¿Creemos que necesitamos ser una chibola rica? Yo ya partí del casillero de las chibolas, y gracias a Dios, porque los 15, 16 , 17 18 etc no fueron nada agradables

(por lo menos, los míos) no fueron ni la mitad de divertidos, menos confusos y liberadores que los

veintes.

Y ¿rica? Una chela es rica, no una mujer.

Y la verdad, no me molesta esa palabrita que a muchas les fastidia: envejecer. Si no se han dado cuenta, envejecemos desde que tenemos un día de vida y ese proceso natural de la vida no lo para ni el doctor Morillas, ni un entrenador musculoso, ni comer dos gramos de queso ricotta al día.

Lo que sí nos hace sentirnos viejas y en algunos casos, serlo, son las percepciones ajenas, estúpidas, machistas y sin ningún fundamento de nuestro estrecho entorno.


Y por si acaso, esto no lo escribió una “cincuentona amargada” ,con los achaques de la menospausia a la orden del dia, sino una mujer común y corriente que se niega a ser reducida a un estereotipo, ni a ser encasillada en un molde de torta sin calorías que, para colmo, debería seguir un manual de instrucciones para quedar bien ante los ojos de la hipocresía (esa que no tiene sexo) y ser una "lady” (¡puaj! cómo detesto esa palabrita).


¿Saben qué? Ustedes, los que se burlan, los que señalan con el dedo mejor consíganse a una mujer robot, perdón, chibola robot o si prefieren, una de plástico.
Ahora sí, me pueden quemar en la hoguera.


Sola y bien contenta de haber nacido mujer, no necesito ser hombre para "tener huevos".

¿ I N - F I - E L ? TU MAY !


Después de una agotadora y ofuscada conversación con un amigo, entre todos los temas que tocamos nos desviamos hacia la infidelidad (música de miedo),
Me conto de sus tantas infidelidades, que hace poco había chateado con su ex que se fue de viaje ya hace mucho y le había contado, todas las veces que habido sido infiel.


Yo con el pecho hinchado de orgullo respondí ¡YO NO HE SIDO INFIEL!.- aunque paresca anticuado y fuera de lugar yo si me enamoro, después que termino nuestro “ameno” debate sobre la infidelidad (nuevamente música de miedo) la rabia se quedó dentro.
¿Qué diablos se había creído este pata mío, ahora seudoamigo, para juzgarme, y peor aún, para etiquetarme como una persona de doble discurso, es decir, una especie de monja con hilo dental atigrado debajo de la sotana?, o ¿la verdad es que soy tan alien como un habitante de Plutón para creer que algo tan “pasado de moda” como la fidelidad es indispensable para una relación de a dos?, ¿he estado equivocada todo este tiempo terminando relaciones o condenando como a hijos de puta en primer grado a todos los infractores de la ley de la monogamia con los que me he cruzado, en vez de aceptar que esa es la naturaleza humana y punto?

Conozco a parejas que eventualmente se son infieles, conozco a mujeres infieles, a hombres infieles.
También sé de aquellas que saben que les ponen los cuernos y se hacen las locas y aquellos que las recompensan con hijos, y muchas otras ellas que son infieles pero sin que nadie, ni ellos, se den cuenta. También sé de parejas y sus relaciones abiertas que hablan sin ningún tapujo de ellas. ¿Razones, motivos, explicaciones? Nadie sabe lo que pasa tras las puertas

Una compañera de trabajo piensa que si su novio se masturba le está siendo infiel y se lo ha prohibido (¿lo cumplirá?) y un ex novio considera que la infidelidad solo consiste en tener relaciones sexuales propiamente dichas con otra, mientras se revuelca, besa, agarra contra la pared y le mete mano a cuantas le viene en gana.

Sin embargo, también sé de parejas que se son fieles; son pocas, debo admitirlo, pero no soy una niña de secundaria que quiere copiar el modelo de Trapper Keeper de la chica popular del colegio, la (in)fidelidad es cuestión de cada uno. Es, como el amor, una decisión. Solo, uno vive según sus propias reglas, acompañado, ya es otra cosa mariposa.

Sin embargo, aunque sigo pensando que toda persona es libre de decidir llevar la vida que mejor le parezca, y cuando uno está en pareja las reglas tienen que ser acordadas por ambas partes, habría que tomar en cuenta que cuando de las emociones que llevamos dentro se trata, y las estamos poniendo sobre la mesa de juego debemos ser capaces –o pensar cuánto podemos serlo-- de soportar las consecuencias. Jugar con las emociones propias y ajenas es jugar con fuego.


No he terminado de vivir, siempre digo eso, por lo mismo, no sé cuanto voy a cambiar ni en cuánto más me voy a equivocar; pero hoy puedo decir que soy y seré fiel, y exigiré lo mismo de mi compañero de andanza, qué importa que cuando me mire al otro lado del espejo vea a un peluche de cabeza gigante y lazo rosado en la oreja, con el que jugaba de niña, llamado Hello Kitty.

¿No quieres estar conmigo? Bueno, para mí ya no existes. Así funciona ahora


Hay algo que nunca he entendido y es algo más común de lo que pensaba: cuando ya están refundidos en el olvido, enterrados en el pasado, a kilómetros luz lejos de nuestra mente, ¿por qué reaparecen los ex?

¿Existe algún componente genético que fuerza a los ex a hacer --de un modo irrefrenable, intempestivo y sin ningún permiso (ni aviso)-- una reaparición en la vida de alguien, vida de la que, por supuesto, ya no son parte, o peor aún, vida de quien enviaron un tiempo atrás directo a las garras de la sinrazón?

Creo que todo tiene que ver con que tipo de ex son.
Para mí, la tipología se divide en dos.
El primero es el de los ex, punto. Son seres inofensivos. De ellos solo queda un recuerdo borroso, hasta quizás amable; de lo contrario, permanecen en nuestra vida porque nosotros así lo queremos, amigos o no, no nos mueven ni un pelo.

El segundo es el que es para mí el más peligroso y no solo por el ex en sí, sino porque nosotros como contraparte estamos más que dispuestas a seguirles el juego. Felices o no, ahí estamos tatareando el hit de Soda Stereo: “… seremos cómplices los dos”.

Así va el tango. La historia es la siguiente y siempre es la misma.
Suena el celular y escuchas a tu mejor amiga diciendo que tu ex quizás caiga en la misma fiesta a la que ustedes irán esa noche de viernes.
Tú respondes casi en medio de un forzado bostezo: “y a mí que me importa”. ¿Qué haces un segundo después? Sales disparada a tu peluquería de siempre.
Pides que te peinen y que con la otra mano te hagan una manicure-pedicure de emergencia y una depilación con cera, solo por si acaso (axilas, media pierna y bueno, el área del bikini, también).
Llegas al lugar con plumas y lentejuelas.
Tomas un trago de tu copa y gritas por encima de la música: “¡ese pata ya fue hace años!”. Sí, seguro. Entra X. Tardas 3.5 minutos haciendo que no lo ves. Los siguientes 2.5 minutos los dedicas a echar otra capa de brillo en tu ya resplandeciente boca y los 1.5 restantes los gastas coqueteando con el primer chico que se te cruce, solo para demostrarle al recién llegado qué pedazo de bomba sexy eres.
Finalmente, te acercas a él (si él no lo hace primero esperas diez minutos enteritos) y le dices la frase que has ensayado tres mil quinientas veces frente al espejo desde que te dejó hace seis meses: “hola X, ¿cómo estás?”
Después de tres tequilas, un par de miradas y una secreta declaración a tus amigas en el baño de damas en calidad de primicia:
“todavía se muere por mí el huevón”, te vas la mano del mismo hombre que te mando directo a terapia y a vivir amarrada a una relación eterna con el Prozac, directo a su departamento.


Pero ¿quién es él y por qué tiene tanto poder sobre ti? Simple. Si muchas mujeres han tenido un novio a quien consideran como “el” chico de sus vidas, a ti el tuyo te dejó un poco traumatizada y con serias dudas acerca de tu estabilidad emocional. Probablemente, cuando lo conociste él también estaba babeando por ti.
Te mandaba correos ingeniosos al trabajo que te hacían sonreír con cara de tonta frente a la pantalla, te llamaba apenas algo gracioso le pasaba y te llevaba a cenar a restaurantes donde pasaban horas contándose sus respectivas vidas. Seguro por el día de San Valentín te mandaba rosas, chocolates y te preguntaba si querías ir al cine en el que daban esa película de “chicas” que te morías por ver.
Para tu cumpleaños es más que seguro que te regaló ese collar que hasta ahora usas con un corazoncito y su nombre grabado en él.
También te debe haber llevado al cumpleaños número ochenta de su abuelita y presentado orgulloso a sus parientes y/o sus (aburridos) compañeros de trabajo.
Estás tan segura de que lo suyo va en serio que te quedas cojuda cuando de la nada él atraviesa una extraña metamorfosis.
Pasa de ser el Sr. Tú-eres-el-amor-de-mi-vida para convertirse en el Sr. No-estoy-listo-para-estar-con-una-sola-persona.
Pero claro, quiere seguir siendo tu amigo.



PUES JODETE.


¿No quieres estar conmigo? Bueno, para mí ya no existes.
Así funciona ahora para mí el paso siguiente al abandono, el rechazo, la crueldad, la deshonestidad.
Podría decir en mi defensa que he llegado a ser “amiga” de algún ex, pero sería una mentira.
Soy amiga de las personas con las que quizás tuve algo que por a, b o c no funcionó y resulta que son tan buenas personas que quiero tenerlas en mi vida, pero lo que no puedo hacer es dejar que un chico se vaya vivito y coleando, con una orden de “perdón para siempre y seré tu amiga hasta el final”, después de meterme una patada en la cara. Ya no