sábado, 4 de septiembre de 2010

¿ I N - F I - E L ? TU MAY !


Después de una agotadora y ofuscada conversación con un amigo, entre todos los temas que tocamos nos desviamos hacia la infidelidad (música de miedo),
Me conto de sus tantas infidelidades, que hace poco había chateado con su ex que se fue de viaje ya hace mucho y le había contado, todas las veces que habido sido infiel.


Yo con el pecho hinchado de orgullo respondí ¡YO NO HE SIDO INFIEL!.- aunque paresca anticuado y fuera de lugar yo si me enamoro, después que termino nuestro “ameno” debate sobre la infidelidad (nuevamente música de miedo) la rabia se quedó dentro.
¿Qué diablos se había creído este pata mío, ahora seudoamigo, para juzgarme, y peor aún, para etiquetarme como una persona de doble discurso, es decir, una especie de monja con hilo dental atigrado debajo de la sotana?, o ¿la verdad es que soy tan alien como un habitante de Plutón para creer que algo tan “pasado de moda” como la fidelidad es indispensable para una relación de a dos?, ¿he estado equivocada todo este tiempo terminando relaciones o condenando como a hijos de puta en primer grado a todos los infractores de la ley de la monogamia con los que me he cruzado, en vez de aceptar que esa es la naturaleza humana y punto?

Conozco a parejas que eventualmente se son infieles, conozco a mujeres infieles, a hombres infieles.
También sé de aquellas que saben que les ponen los cuernos y se hacen las locas y aquellos que las recompensan con hijos, y muchas otras ellas que son infieles pero sin que nadie, ni ellos, se den cuenta. También sé de parejas y sus relaciones abiertas que hablan sin ningún tapujo de ellas. ¿Razones, motivos, explicaciones? Nadie sabe lo que pasa tras las puertas

Una compañera de trabajo piensa que si su novio se masturba le está siendo infiel y se lo ha prohibido (¿lo cumplirá?) y un ex novio considera que la infidelidad solo consiste en tener relaciones sexuales propiamente dichas con otra, mientras se revuelca, besa, agarra contra la pared y le mete mano a cuantas le viene en gana.

Sin embargo, también sé de parejas que se son fieles; son pocas, debo admitirlo, pero no soy una niña de secundaria que quiere copiar el modelo de Trapper Keeper de la chica popular del colegio, la (in)fidelidad es cuestión de cada uno. Es, como el amor, una decisión. Solo, uno vive según sus propias reglas, acompañado, ya es otra cosa mariposa.

Sin embargo, aunque sigo pensando que toda persona es libre de decidir llevar la vida que mejor le parezca, y cuando uno está en pareja las reglas tienen que ser acordadas por ambas partes, habría que tomar en cuenta que cuando de las emociones que llevamos dentro se trata, y las estamos poniendo sobre la mesa de juego debemos ser capaces –o pensar cuánto podemos serlo-- de soportar las consecuencias. Jugar con las emociones propias y ajenas es jugar con fuego.


No he terminado de vivir, siempre digo eso, por lo mismo, no sé cuanto voy a cambiar ni en cuánto más me voy a equivocar; pero hoy puedo decir que soy y seré fiel, y exigiré lo mismo de mi compañero de andanza, qué importa que cuando me mire al otro lado del espejo vea a un peluche de cabeza gigante y lazo rosado en la oreja, con el que jugaba de niña, llamado Hello Kitty.

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