Hay algo que nunca he entendido y es algo más común de lo que pensaba: cuando ya están refundidos en el olvido, enterrados en el pasado, a kilómetros luz lejos de nuestra mente, ¿por qué reaparecen los ex?
¿Existe algún componente genético que fuerza a los ex a hacer --de un modo irrefrenable, intempestivo y sin ningún permiso (ni aviso)-- una reaparición en la vida de alguien, vida de la que, por supuesto, ya no son parte, o peor aún, vida de quien enviaron un tiempo atrás directo a las garras de la sinrazón?
Creo que todo tiene que ver con que tipo de ex son.
Para mí, la tipología se divide en dos.
El primero es el de los ex, punto. Son seres inofensivos. De ellos solo queda un recuerdo borroso, hasta quizás amable; de lo contrario, permanecen en nuestra vida porque nosotros así lo queremos, amigos o no, no nos mueven ni un pelo.
El segundo es el que es para mí el más peligroso y no solo por el ex en sí, sino porque nosotros como contraparte estamos más que dispuestas a seguirles el juego. Felices o no, ahí estamos tatareando el hit de Soda Stereo: “… seremos cómplices los dos”.
Así va el tango. La historia es la siguiente y siempre es la misma.
Suena el celular y escuchas a tu mejor amiga diciendo que tu ex quizás caiga en la misma fiesta a la que ustedes irán esa noche de viernes.
Tú respondes casi en medio de un forzado bostezo: “y a mí que me importa”. ¿Qué haces un segundo después? Sales disparada a tu peluquería de siempre.
Pides que te peinen y que con la otra mano te hagan una manicure-pedicure de emergencia y una depilación con cera, solo por si acaso (axilas, media pierna y bueno, el área del bikini, también).
Llegas al lugar con plumas y lentejuelas.
Llegas al lugar con plumas y lentejuelas.
Tomas un trago de tu copa y gritas por encima de la música: “¡ese pata ya fue hace años!”. Sí, seguro. Entra X. Tardas 3.5 minutos haciendo que no lo ves. Los siguientes 2.5 minutos los dedicas a echar otra capa de brillo en tu ya resplandeciente boca y los 1.5 restantes los gastas coqueteando con el primer chico que se te cruce, solo para demostrarle al recién llegado qué pedazo de bomba sexy eres.
Finalmente, te acercas a él (si él no lo hace primero esperas diez minutos enteritos) y le dices la frase que has ensayado tres mil quinientas veces frente al espejo desde que te dejó hace seis meses: “hola X, ¿cómo estás?”
Después de tres tequilas, un par de miradas y una secreta declaración a tus amigas en el baño de damas en calidad de primicia:
Después de tres tequilas, un par de miradas y una secreta declaración a tus amigas en el baño de damas en calidad de primicia:
“todavía se muere por mí el huevón”, te vas la mano del mismo hombre que te mando directo a terapia y a vivir amarrada a una relación eterna con el Prozac, directo a su departamento.
Pero ¿quién es él y por qué tiene tanto poder sobre ti? Simple. Si muchas mujeres han tenido un novio a quien consideran como “el” chico de sus vidas, a ti el tuyo te dejó un poco traumatizada y con serias dudas acerca de tu estabilidad emocional. Probablemente, cuando lo conociste él también estaba babeando por ti.
Te mandaba correos ingeniosos al trabajo que te hacían sonreír con cara de tonta frente a la pantalla, te llamaba apenas algo gracioso le pasaba y te llevaba a cenar a restaurantes donde pasaban horas contándose sus respectivas vidas. Seguro por el día de San Valentín te mandaba rosas, chocolates y te preguntaba si querías ir al cine en el que daban esa película de “chicas” que te morías por ver.
Para tu cumpleaños es más que seguro que te regaló ese collar que hasta ahora usas con un corazoncito y su nombre grabado en él.
También te debe haber llevado al cumpleaños número ochenta de su abuelita y presentado orgulloso a sus parientes y/o sus (aburridos) compañeros de trabajo.
Estás tan segura de que lo suyo va en serio que te quedas cojuda cuando de la nada él atraviesa una extraña metamorfosis.
Pasa de ser el Sr. Tú-eres-el-amor-de-mi-vida para convertirse en el Sr. No-estoy-listo-para-estar-con-una-sola-persona.
Pero claro, quiere seguir siendo tu amigo.
PUES JODETE.
¿No quieres estar conmigo? Bueno, para mí ya no existes.
Así funciona ahora para mí el paso siguiente al abandono, el rechazo, la crueldad, la deshonestidad.
Podría decir en mi defensa que he llegado a ser “amiga” de algún ex, pero sería una mentira.
Soy amiga de las personas con las que quizás tuve algo que por a, b o c no funcionó y resulta que son tan buenas personas que quiero tenerlas en mi vida, pero lo que no puedo hacer es dejar que un chico se vaya vivito y coleando, con una orden de “perdón para siempre y seré tu amiga hasta el final”, después de meterme una patada en la cara. Ya no
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