miércoles, 16 de febrero de 2011

TU NO PUEDES ESTAR EN MI VIDA


Todos somos distintos. Tenemos cualidades maravillosas que pueden volver loco de amor a cualquiera, así como también horrorosos hábitos, actitudes y defectos adquiridos o de fábrica que, por lo menos yo, he decidido no volver a soportar. Mujer aplicada, he hecho mi lista de quién no va ni irá a ninguna parte conmigo.

1. En este blog se ha hablado mucho sobre la edad, especialmente sobre la mía (22), así que pongamos límites.

Creo que un par de experiencias de amanecer mojada por acostarme con bebes grandotes son suficiente excusa; sin embargo, sigo pensando que la edad asegura la madurez

Así que, dadas las circunstancias, he puesto límites de fecha de nacimiento en la búsqueda de novio. Como todos mis novios fueron contemporáneos (esos con los que tuve relaciones de verdad, hago la salvedad) en lo que a edad respecta, vamos a redondear. Pondré un rango de tres años para arriba y uno para abajo. Es decir, todos los que no estén entre los 21.5 años y los 26 años, por favor, abstenerse.

2. No tengo nada contra la naturaleza velluda del ser humano, pero como para todo, hay límites. Así como existen hombres que te miran espantados si por ahí se asuma una pelo de la mona Chita, las mujeres sentimos cierta incomodidad (y a veces una terrible vergüenza de parecer la doble de la mujer barbuda del circo) al exponer a la vista del otro nuestras zonas íntimas y otras no tanto, como las axilas; y hasta pedimos disculpas por haber olvidado nuestra última sesión con esa mujer (la única que no es nuestra ginecóloga, y solo en caso de ser heterosexuales) que nos dice: “abre las piernas” para dejarte por largos minutos sin sensibilidad en la vagina luego de un par de arrancadas de cera sobre la piel. De esa misma manera, hay algo que a mí me parece poco atractivo: el pelo en la espalda. Una vez bailé en una fiesta con un chico y pude sentir una especie de colchón peludo entre su camiseta y su piel. Parecía un peluche con ropa. Perdónenme los que nacieron así, esto no va contra ustedes, seguro a muchas chicas les gustan esos lugares de dónde colgarse en el momento del placer. A mí no. Paso. Guácala. El hombre lobo no se hizo para mí. Son diferencias irreconciliables. Qué le vamos a hacer.

3. No quiero tener ninguna relación con alguien que también tenga un blog, aún más, si es personal. Sé que puede sonar conchudo, pero la verdad no la pasado bien con “bloggers” que utilizan sus espacios anónimos para vendettas personales y airear mi intimidad o la de mi familia o amigos (algo que cuido mucho) sin previa autorización. Me explico: yo firmo con mi nombre lo que escribo, eso es muy diferente a sentirse con la libertad que brindan los seudónimos para mandar dardos virtuales sin la menor consideración. Hace unos días un chico me invitó a salir y lo primero que le pregunté fue si tenía un blog. Cuando me dijo que no, suspiré aliviada, y me puse contenta cuando me dijo que apenas si los leía de vez en cuando. Por el momento (porque quién sabe) no se admiten bloggers.

4. Niñas, aléjense de los reyes del bla-bla-bla. Al menos eso es lo que yo voy a hacer. Con el “floro-radar” ya más desarrollado (no crean que fue fácil), será más fácil alejarse a la primera alarma que llegue cual batiseñal a mis oídos anti-floreros profesionales o semiprofesionales. Al parecer los hombres han aprendido en nuestra querida sociedad del silencio a ser los magnates del 'flower power' (más conocido como el poder de la palabra), total, ¿a quién no le gusta sentirse una diosa por dos o tres minutos? Hoy, digamos que la cosa es más pareja entre el hombre-y la mujer, sin embargo aún existen los miedos arcaicos de ser confundida con una chica “fácil” si una tira la primera piedra, mejor dicho, suelta la primera palabra.

5. La unilateralidad en el sexo. No puedo creer que a estas alturas todavía existan chicos que crean que el placer de la mujer es algo secundario. Una amiga me contaba esta mañana que ya iban tres veces seguidas que su novio tenía sexo consigo mismo, por decirlo de alguna manera. Ella, inocente, que pensaba que a la tercera venía la vencida, tendrá que esperar a la cuarta. Me ha dicho que si a la cuarta el pata no se ocupa de ella habiendo hablado del tema, será un punto a considerar para mantener o no esa relación. Creo que está en lo cierto. Así que los egoístas del sexo, por favor, pasen de largo también, a las chicas también nos gusta divertirnos y llegar al final del juego.

6. Los besos pueden ser de mil formas, me imagino, y depende de la química entre dos personas de acoplar bien labios, lenguas y demás para dar el beso perfecto. No existirán relaciones perfectas ni hombres ni mujeres perfectas, pero sí existen los besos perfectos. Yo tengo debilidad por esos. Yo creo que beso bien, no lo sé, no he hecho una encuesta con los chicos, renacuajos y sapos a los que he besado, pero me gusta creer que sí, porque si algo nos gusta mucho, como por ejemplo jugar ajedrez, practicamos y aprendemos. Lo mismo pasa con los besos, me imagino. Igual hay gente que cree que besando es una eminencia solo porque nadie le ha presentado su carta de quejas. Un chico que besa mal está fuera de mi lista. Perdón si me volví más exigente, pero es mi estado de ánimo estos días. Además los besos están rodeados de ciertos mitos que dan risa. Hay quienes dicen que alguien que baila y besa bien, es una bomba casi asegurada en la cama. Mentira y de las gordas. Sino pregúntenle a… no, claro que no voy a decir a quién.

7. Los Mr. Money tampoco me gustan. Estas personas que viven muy pendientes del dinero así sean misios o millonarios, son una especie muy común pero, para mí, muy difícil de comprender. Cómo el dinero te puede dar amor. Un conductor de televisión me dijo que una prueba de que el dinero era importante eran los futbolistas que salían y se casaban con mujeres mucho más guapas que ellos. Bueno, le contesté, entonces es como una transacción: yo te doy mi belleza superficial para que te sientas más y tú me mantienes y me compras todos los polos de lentejuelas que encuentres. Ya lo dije, yo soy feliz en el restaurante más caro o en una cantina, si estoy pasándola bien con un chico chévere. Así que si sobrevaloras a la plata tampoco me gustas. Lo siento.

8. Siempre he hablado de la honestidad. Yo no soy ninguna mentirosa. Santa tampoco, por ahí he meto una que otra mentirita, pero de ahí a ser una mentirosa de las grandes ligas, ya no. Lo he sido, sí. Cuando pensaba que para conseguir algo había que hablar o callar cosas que pensaba, o cuando trataba de manipular con palabras. Pero todo eso quedó en el pasado, felizmente. Creo que por eso valoro la honestidad, porque sé cuánto cuesta decir la verdad y cuánto cuesta aceptarla. Ahora considero la mentira como una traición. Así que si alguien quiere estar en el bando de los mentirosos, chau, simplemente no te quiero (¿y quién quiere a su lado a un dos caras? No creo que muchas).

9. A todos los hombres diagnosticados con algún tipo de enfermedad psiquiátrica también los quiero lejos de mí; para eso soy suficiente yo hombres Bipolares, tripolares, manipuladores compulsivos (MC), depresivos, psicóticos, etc., no van.

Es muy popular decir: “estoy deprimida” cuando una se siente mal por algo, pero de ahí a andar con el “rey de los lamentos que transita por el túnel oscuro que es la vida”, por Dios, no gracias a esas anclas que te quieren hundir en la dimensión desconocida. Ya, podemos estar tristes por momentos y ser fuertes el uno para el otro, pero a mí me gusta reír, me gusta que me hagan reír. No quiero un payaso, no se confundan, sino a alguien que se esfuerce por hacerte notar que está bien a tu lado. A los otros, adiós.

10. Y el número diez se los dejo con todo cariño. Esta pequeña lista no se acaba ahí ni para mí ni para nadie. Qué vamos a hacer. Si somos exigentes con nosotros no nos conformemos con alguien que dice o hace cosas que nos revientan. ¿Por qué?, porque esa bomba nos va a reventar en la cara cuando conozcamos bien a quien tenemos al lado. Y lo peor de todo es que ya podríamos estar enamorados. Así que no olviden de llevar su radar consigo, uno no sabe lo que puede pasar un día común y corriente.

viernes, 11 de febrero de 2011

ME ENAMORE! .. tiempo transcurrido: 1 MINUTO


Esta es una pregunta clásica de este, los viejos tiempos y los que vendrán: ¿por qué toma tan poco tiempo enamorarse y desenamorarse dura una eternidad? Yo he encontrado la respuesta, mí respuesta. Síganme los que quieran

Bueno, no estamos en la Disneylandia de las relaciones. Lo siento, pero es así. Por eso es “ideal”, porque no es lo común, no es lo frecuente. Seguro que existe y en más de un caso, pero no es lo habitual. La regla somos nosotras, las que nos enamoramos como desquiciadas la segunda vez que salimos con alguien que nos da bola. Sí, las mismas que sufrimos como un tango interminable cuando esa relación termina.

Regreso al punto de inicio entonces. ¿Por qué nos enamoramos tan rápido y nos desenamoramos en tan lenta y larga agonía? Porque cuando creemos encontrar a alguien que nos gusta proyectamos en él toda esa parte de la juguetería social y rosa en la que hemos crecido y cuyas reglas, juicios y prejuicios nos han sido inyectados desde pequeñas. El amor para nosotras es tan natural como el agua. Es algo que tiene que pasar. Y no llega, viene la frustración y cuando nos sentimos incompletas, sentimos que valemos menos (claro, si somos la mitad de un ser humano, ¿cómo nos vamos a querer como una totalidad si andamos esperando la bendita media naranja?) y cuando ya estamos en una situación emocional tal que somos capaces de tirar nuestro título, nuestra independencia, nuestra carrera con tal de que esa relación prospere.

¿Y qué pasa si no prospera? Pues pasamos a la autolapidación. Nos sentimos triplemente perdedoras no solo porque perdimos al hombre en sí, sino a todo lo que él representaba en nuestro mundo.

La otra noche leía “Comer, rezar, amar” e identifiqué a muchas experiencias de mi pasado cuando la autora se autodefine como la “membrana permeable”, es decir, alguien que hasta pasamos los treinta y pico no se ha detenido un par de semanas en soledad a cuidar sus propias necesidades, porque todo ese tiempo anduvo enamorándose o desenamorándose de alguien. Su experiencia y la mía tienen mucho que ver en ese punto.

Soy mala para los negocios. No tengo ni la más remota idea de lo que es la economía. Nunca calculo bien la plata con la que debo pagar las cuentas, ni ese vestido nuevo que aún no sé si es caro o barato, (pero me gusta, es corto y negro). Mucho menos las veces que me he enamorado. Por esta sencilla razón he tomado la decisión de no volver a enamorarme, por lo menos no de esa manera. Porque cada hombre del que me he enamorado no solo ha sido un gasto y un desgaste, sino que en algunas ocasiones ha sido una real mala inversión de mí misma. Si lo pienso un poco, ¿qué no he dado por amor?

¿Acaso me guardé algo para mí?, ¿acaso pensé en el futuro como lo hace un financista al comenzar un proyecto? Me confieso exagerada en cuestiones pequeñas y superficiales, como por ejemplo: si me gusta un autor, me compro todos sus libros; si me gusta una película, la puedo ver todos los días hasta hartarme (mis récords pasan los 40 días seguidos); si me gusta un grupo, me bajo todas sus canciones; si un vestido me queda bien, me lo compro en todos los colores; si descubro una comida que me vuelve loca (como el sushi de anguila, el pulpo a la parrilla, las conchas negras, el rocoto relleno o el pastel de choclo, cada uno en su momento), la como hasta que ya no puedo comerla más. Lo mismo me pasaba con los hombres, si me gusta un chico le daba absolutamente todo de mí, lo que soy, lo que tengo y lo que no.

Me canso de pensar todo lo que he dado, sin exagerar. Además de los tópicos como el amor, la ternura, la pasión, el sexo, la sorpresa, la admiración, las oportunidades, el perdón, también he regalado cada uno de mis sueños, deseos, anhelos, manos, brazos, piernas, labios, besos, miradas, milímetros cuadrados de mi piel, cada secreto que quería mantener oculto, mis mentiras, cartas, cuentos, años, meses, una novela, segundos, momentos, películas, horas del día, todas las horas de la noche, mi risa, todititas mis lágrimas, mis recuerdos, canciones, ídolos, mis viajes, absolutamente todas mis debilidades, mis miedos, mis pesadillas, mi silencio, mi risa, mis tesoros, mi memoria, mis guerras, mis faltas, mis más terribles errores y esos momentos en los que puedo hacer magia

Es humanamente imposible no sentirse vacio despues. Salir de un par de relaciones fue casi como regresar de la guerra.

Cuando uno no está acostumbrado a convivir con su propia soledad porque eso no fue lo que aprendió, lo que le enseñaron o simplemente, no es lo que quiere, estar solo puede doler –yo lo he sentido, y más de una vez--, como si me aferrara con las manos a una orilla de rocas deformadas por un mar salvaje. Gritando de dolor, azotada por las olas.

Las veces que he perdido el amor, sentí que lo había perdido todo, hasta a mí. Por eso pasaban meses y meses sin verme en el espejo. Una sombra extraña me saludaba dudosa. Esa era yo. La que seguía colgada a esa orilla oscura de la que no iba a desprenderme nunca hasta que un nuevo amor me rescatase.

Una amiga me dijo el sábado que había conocido a un chico y que por supuesto, se había “templado”.

- ¿Tan rápido? –pregunté yo.
- Es que yo soy así –dijo ella son esa sonrisa de arco iris que nos sale cuando vivimos la fantasía romántica en tiempo real.

Ella no es así. Todas lo somos, o lo hemos sido. Y también nos hemos encontrado en una juguetería comprándole un dinosaurio a esa niña chiquitita que hemos sido todas, que aún nos reclama un final feliz al lado de algún príncipe que habita una reino lejano y que pronto vendrá a rescatarnos de esa cosa fastidiosa que es la soledad. Para eso es el dinosaurio, pasa saber que las princesas viven contentas y perfectas dentro de un cuento, una película o su caja en un estante y que nosotras, animales salvajes como T rex, vamos a andar con cuidado y vamos a soltar un gruñido que deje sordo al mundo, cuando queramos decir –o gritar- lo que queremos ser y lo que no, con quién queremos estar y con quién no estaríamos ni cagando

Si enamorarse toma un minuto y recuperarse del desamor dura por demasiado, habrá que sacar cuentas antes de tirarse el primer clavado. ¿Acaso existe algún oráculo que nos asegure caer en un mar azul y pacifico que poco a poco nos lleve confiados –y sin necesidad de salvavidas- a la dulce orilla del amor correspondido? Pues ni el pulpo Paul (QEPD), ni el Cuy Mágico, ni la Bruja Anita.

Y estoy más que segura que nadie quiere terminar colgado de unas rocas mojadas y filudas mientras recibe los azotes de ilusiones que se tardan en llegar o de un amor se niega a rescatarnos.

Háganse un autoregalo , ¿qué les parece un dinosaurio?

miércoles, 9 de febrero de 2011

Vete ya, tiranosaurio rex


Y no vuelvas.

Hace mil años, bueno, en realidad pocos dias, me di cuenta al conversar con un psicoanalista que me encontraba en un periodo grave de indecisión.

Pasaba por tal época de inseguridad --en la que mi autoestima habitaba en el inframundo-- que me era imposible elegir hasta qué par de zapatillas comprar; menos podía decidir terminar con una relación con el peor hombre con el que me he cruzado en esta vida, P:M, el único chico realmente malo con el que he estado (no era un "chico malo" sino una mala persona).

- ¿Terminar?, ¿yo?, -le pregunté al popular Dr. .

Él asintió.

- Pero si no quiero- continué- es más, no quiero ni puedo.

Mi mente siempre hiperactiva imaginó al instante un futuro sin el ególatra, egoísta, sádico, mujeriego, inseguro y acomplejado con el que andaba. Fue entonces la primera vez que vi en persona, en vivo y en directo, al más grande de mis temores.

Era nada más ni nada menos que el Tiranosaurio Rex de la soledad abriendo unas fauces enormes sobre mi cabeza. Sentí su aliento helado en la cara, su baba cayendo sobre mi minúsculo cuerpo. Entré en pánico, un escalofrío me sacudió de arriba para abajo.

No quiero, no puedo estar sola.Cerré los ojos justo antes de que el dinosaurio me tragara entera de un mordisco.

El terapeuta me dijo que respire, que no había por qué desmayarse en ese momento, que aún nos quedaban 16 minutos de consulta. Me aconsejó dejar a un lado al animal verde de la cola gigante y empezar por lo fácil, por lo superficial, como para ir entrenando.

Entonces me sugirió que al momento de elegir hasta un caramelo tenía que ser tajante y veloz, sin dejar lugar a ninguna duda.

El ejercicio sirvió. Quiero un chicle de menta, señor. Quiero una Coca-Cola Light helada. Hoy me quedo en casa. Quiero ese vestido pero en negro. Voy a ver esa película. Me voy a levantar a las 8 en punto todos los días. Voy a cortarme el pelo.

Así que después de practicar en el cine, supermercados, tiendas, bodegas, discotecas y conversaciones con mis amigos, decidí que ya estaba lista para tomar la decisión que había dejado en manos de la procrastinación y tanto miedo me daba: decirle buena suerte y hasta nunca a PM, y de paso decirle lo que siempre tuve atracado en la garganta pero que, por temor a perderlo, jamás le dije: (en esa época no hice una lista, pero como veo que resultan prácticas, lo hago ahora)

- No me haces feliz, PM.
- Salvo momentos aislados, jamás me has hecho feliz.
- Jamás has tenido ni la más remota intención de hacer feliz a alguien que no seas tú.
- Has aprovechado mi ceguera y es resto de mis debilidades.
- Estos 2 años contigo han sido una tortura china.
- Después de verte, siempre tuve miedo de no verte más.
- Después de verte, siempre tuve miedo de volver a verte… pero con otra.
- Utilizaste esos miedos para manipularme.
- Me dejé manipular por dos promesas vacías de amor a la semana.
- Temí que “otra” fuera mejor que yo.
- Tratar de ser “perfecta” para ti me ha dejó exhausta.
- Para no perderte, dejé de ser yo.
- Me olvidé quién era yo.
- Me tragué todos tus malos hábitos sin decir ni una palabra.
- Me tragué todos tus malos tratos sin decir una palabra.
- Cada vez que te pedí perdón, me sentí culpable.
- Nunca me pedí perdón por ser tan cobarde.
- La única responsable de no querer ponerle punto final a ese desastre de relación por miedo a encontrarme cara a cara con mi dinosaurio, mejor dicho, con la soledad, fui yo.

¿Si prefería quedarme con PM? Claro que sí. Sola, ni loca. A fin de cuentas, para todo sádico hay una masoquista que espera feliz el siguiente latigazo.

Esto pensaba, hasta que decidí tirarme por el barranco y hacer algo que jamás imaginé.

Un día en mi antigua oficina de trabajo, después del almuerzo, levanté el teléfono. Era una semana de esas en la que PM había decidido que ya no quería estar conmigo (está de más decir que esto duraba hasta que él decidiera lo contrario).

- Aló, ¿pierre?
- Hola karla.
- Hola, te llamaba por…
- Mira, si me vas a decir que quieres estar conmigo ya te dije que…
- No, te llamo por otra cosa.
-

(Tomé fuerza)

-Estaba contigo porque pensaba que eras un hombre especial, diferente, bueno, más que bueno, perfecto para mí… este…
- ¿Y…?- el arrogante PM esperaba que yo siguiera lamiéndole el ego, seguro.
- No lo eres, nunca lo fuiste. Era yo la que estaba mal. Por que yo estaba mal estuve contigo. Por eso… por eso no quiero volver a saber de ti el resto de mi vida. Chau.

Colgué. Me quedé sentada en la silla mirando hacia la pared.

Pensé que iba a llorar. No lo hice, arranqué su fotografía y la tiré a la basura. No les voy a decir que comencé a dar saltitos en un pie de la felicidad, porque no es cierto. Lo que es verdad es que por primera vez en mucho tiempo sentí paz.

Me había puesto frente a la bestia, me había tapado los ojos con las manos y había esperado lo peor. Sin embargo, ese dinosaurio hembra de nombre “Horrorosa” y de apellido “Soledad” no me tragó y me desterró al infierno de la desdicha.

Esta no es una historia de amor pero sí tiene final feliz.

Una ruptura implica inevitablemente una pérdida. Así que recomiendo respirar hondo y aceptar que esto, por un tiempo, va a doler. Y mientras que eso pase (porque pasa, muchos lo hemos comprobado) ojo con las autometidas de cabe; recordémoslo siempre, a veces somos nuestros peores enemigos.

Callemos esas preguntas que no nos llevan más que a volver a las garras de un asesino emocional en serie.

Analicemos.Todos nos saboteamos por nuestros miedos. Todos.

Aquí, algunas preguntas frecuentes para no tropezar.

¿Y si no encuentro algo mejor? ¿Alguien mejor que PM?, ¿cómo alguien no va a encontrar a alguien mejor que ese ególatra, egoísta, sádico, mujeriego, sexualmente poco dotado, emocionalmente enfermo, hablador y acomplejado con el que andaba?

¿Y si aún me duele? Claro que duele, no vivimos en el mundo de los robots. Una ruptura implica una separación de alguien a quien, así haya sido o sea una pesadilla viviente, en algún momento quisimos. Pero es mejor un dolor temporal (sí, es temporal) a una infelicidad sin fecha de caducidad.

¿Y si me quedo sola para siempre? “Vivimos en la sociedad del miedo. Desde chicos nos ha hecho creer que tenemos que encontrar el amor para ser seres completos, la verdad somos y seremos individuos hasta la muerte”..¿Voy a evitar decidir algo por miedo? Nunca más.

¿Y que dirá el resto? Como cantaban Alaska y Dinarama, a quién le importa. ¿Alguien más va a vivir nuestra vida? Pues no. Esa es nuestra chamba.

¿Y si me equivoco? Bueno y ¿quién está libre de no hacerlo? Decidir es aceptar las consecuencias, ni más ni menos. Y les aseguro que es mejor arrepentirse de algo que uno decide para si mismo, que lo que alguien más decida para uno.

El encuentro con la realidad es el siguiente: Charles Milles Manson, conocido criminal estadounidense, fundador y líder de "La Familia", un grupo que perpetró varios asesinatos, entre ellos, el macabro asesinato de Sharon Tate (la chica de mi muy admirado Polanski) y sus invitados en 1969. Cumple condena desde 1971.

¿Alguien quiere ser novia de Charles Manson? Claro que no, como tampoco nadie en su sano juicio quiere estar con alguien que no te hace feliz, al que le importa un bledo que estés contenta y que en resumen, no te da lo que quieres. Y no es necesario estar con un serial killer emocional, basta una relación mediocre, alguien con quién pasar el tiempo “mientras aparece algo mejor”, “un peor es nada” o cualquier persona lejos de lo que elegiríamos como pareja, para decidir tener valor y cortar.

Llegó el momento. A no hacerse bolas, solo dar el paso hacia atrás, al costado o adelante, lo que sea para moverse del lugar en el que ahora están, cambiar de pareja, de panorama, dejar al asesino en serie atrás, decirle adiós al temor de vernos las caras con nuestro tiranosaurio rex.

No voy a decir tampoco que jamás supe qué fue de la vida de mi dinosaurio. Ahora que olvido también, he visto su sombra por el rabillo mi ojo izquierdo (el más miope) y aunque no le tengo pánico, voy con cuidado.