La otra noche, daba vueltas en mi cama como un pollo a la
brasa.
Algo me fastidiaba y no era el sofocante calor de lima, ni
los ladridos de los perros que acostumbran
a manifestarse en la madrugada.
Acababa de ver en Facebook a una de mis mejores amigas, una
de esas mujeres fuertes e inteligentes que tanto admiro y recordé por qué mi admiración
por ella.
Fui testigo de sus historias de amor, no presencial pero las
vivi casi intensamente con ella, cada uno de sus relatos eran geniales y me hacía
sentir que los vivía.
¿A qué mujer fuerte e independiente esto le suena a historia
conocida?
A mi querida dillon recordé algo muy puntual que nunca se cansó
de repetirme y que muchas veces olvidaba:
¿dónde estamos
nosotras? las mujeres que nos auto proclamamos independientes, las que dictamos
las reglas de nuestras vidas, las que somos fuertes todo el tiempo y sensibles
cuando nos da la gana, las que nos negamos a ser llamadas y/o tratadas como el
“sexo débil”, las que nos convertimos en Hulk cuando de machismo se trata, las
que compadecemos a las pobres débiles que aún no son parte de nuestra mancha y
las que les sacamos la lengua a los hombres que se atreven a insinuar que tienen
más poder solo porqué sí.
¿Dónde están?, ¿dónde estamos?, ¿realmente existimos o somos
pura finta?
Esta mujer me demostró mucho, 16 años en un país
desconocido, tener sus cosas por su esfuerzo y su arduo trabajo.
Me enseño a que si se puede y se quiere se logra, a que si
alguien no vale la pena deshacerlo de tu vida y no mirar hacia atrás. (Lástima
que alguna de esas cosas aun las estoy aprendiendo)
Ella también me enseño que una mujer que llama “amor” a la
incapacidad de estar sola, que está en una relación solo por seguir ciertas
convenciones sociales o que se enamora del primero que pasa por la puerta, no
es una mujer fuerte e independiente.
Ahora ya se que el
fin de nuestra vida no es sentarnos a esperar una llamada de teléfono, ni que
una relación convierte hace que nuestra vida se “complete”, ni creemos en los
mundos mágicos donde habitan príncipes, sapos, ni medias naranjas, ni finales
felices.
Tenemos otras cosas mucho más importantes y reales que hacer.
La vida puede ser de todo, pero no es un cuento. Bueno, solo
para las creen en finales de comedia romántica.
GRACIAS LIZ DIANA
ME ENSEÑASTE
A vivir el amor, la ilusión, el sexo, cada una de nuestras
emociones con valentía, inteligencia, intensidad es lo máximo y es lo que nos
hace quienes somos o quienes luchamos por ser.
Yo la verdad sí creo con firmeza que somos mujeres fuertes,
independientes, sensibles, valientes y todo lo demás como tu. Y también creo
que como todos los seres humanos, tenemos un corazón que nos puede poner en el
riesgo de enamorarnos. ¿Por qué digo “riesgo”? Porque cuando apostamos a una
tener una relación con alguien, como pasa con el resto de habitantes del
planeta, existe la posibilidad de sufrir.
No hay comentarios:
Publicar un comentario